Aguas bioluminiscenes del Lago de Gippsland

Un paraíso de aguas fluorescentes para compartir
Microorganismos con bioluminiscencia transforman el Lago de Gippsland

Sobrepasa lo real, lo mágico, lo fantasioso. Da un paso más allá y nos envuelve con su naturaleza. Un lugar para los románticos, para los poetas, para los amantes de la naturaleza. Un lugar para soñar. Las aguas del lago llegan a la orilla con la calma que reina en un cementerio. Pero hay algo más. Un azul intenso, cyan, atractivo, emerge entre las partículas del agua. Te sumerges en el lago y un color fantasmal te rodea: aguas fluorescentes. Como si una hoguera de llamas azules chispeara desde el fondo y se reflejara en el agua. Brillante, maravillosa, especial. Por encima, un manto de noche estrellada. Una cita perfecta con la naturaleza para enamorados.

Es el Lago de Gippsland, una gran región rural de Victoria (Australia) que comienza inmediatamente al este de las afueras de Melbourne y se extiende hasta la frontera con Nueva Gales del Sur. La explicación a este fenómeno es que en el agua habitan microorganismos alterados capaces de producir bioluminiscencia. Es algo que ya habíamos visto en otros parajes poco comunes, como la Cueva de Glowworm. Pero en este caso, todo cobra mucho más interés.

Unos nadadores en 2009 dieron a conocer el lugar después de tomar un baño a medianoche en el lago. “Fue como si estuviéramos jugando con pintura radiactiva”, dijo el fotógrafo Phil Hart, autor de las fotos. Imágenes impresionantes porque la concentración del microorganismo “Noctiluca Scintillans” fue anormalmente alta cuando se registraron las fotos. Phil, de 34 años, puso su cámara en una velocidad de obturación muy lenta y tiró arena y piedras al agua para provocar la reacción y capturar la mayor cantidad de neblina azul como fuera posible.

Se cree que la combinación de los incendios forestales e inundaciones han creado los altos niveles de nutrientes que los organismos presentes en el lago utilizan para alimentarse. Sea como sea, aquella noche de 2009 las aguas del lago de Gippsland exhibieron un azul luminoso. El efecto de bioluminiscencia hacía brillar el agua en movimiento en las orillas; ya se había observado en otras ocasiones, pero nunca con tal intensidad. La reacción química con la que emiten luz las algas, sólo se puede capturar de noche en zonas acuáticas con un mínimo movimiento que provoca la reacción. Sería maravilloso bañarse en esas aguas y contemplarlo con nuestros propios ojos. Seguramente esas luces parpadeantes en los océanos despertaron extrañas historias de monstruos marinos y almas de marineros naufragados en tiempos pasados

Isla Fraser, Queensland, en Australia

La isla Fraser, uno de los 101 lugares increíbles del mundo

Esta fantástica isla se encuentra frente a la costa este del estado de Queensland, en Australia. Es una enorme isla de 125 kilómetros de largo, que se conserva como un paraíso perdido, siendo la mayor isla de arena del mundo, con sorprendentes paisajes de dunas cubiertas por montes, selvas tropicales, y lagos cristalinos -los más limpios y claros del mundo-. Su composición se debe a una formación de más de 800 mil años, con una increíble acumulación de arena proveniente de Nueva Gales del Sur gracias a los vientos.

Esta isla, que significa enlace en inglés, ofrece excursiones de exploración de hasta seis días, recorriendo senderos de hasta 120 kilómetros, en los que se puede disfrutar de bosques, lagos y estanques vírgenes. También tienen una de las mayores concentraciones de lagos de Oceanía, que se formaron por la lluvia en la arena. Entre enero y marzo, esas lluvias son las más copiosas del año. Una de sus grandes joyas es el lago Mckenzie, una gigantesca piscina natural de aguas transparentes rodeadas de playas de arena blanca. Este se encuentra cercano al poblado de Eurong, y su parte más profunda tiene cinco metros.

Esta isla fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1992. Además de los paisajes, podremos disfrutar de la flora y la fauna, con reptiles (langostas azules), infinidad de aves (354 especies, entre ellos el periquito terrestre, el nínox robusto y 18 aves persa), ballenas jorobadas, delfines, tiburones, rapaces y rayas; así como animales nocturnos como los murciélagos, zorros voladores, falangéridos de azúcar y ranas, y disfrutar de forma cercana de las equidnas, zorros voladores, zarigüeyas, walabíes y canguros de la isla, y a la raza de dingo más pura de Australia. A la isla podemos acceder en ferry desde la bahía de Hervey, y lo mejor para recorrerla es andando, aunque también se pueden alquilar vehículos. En la playa de la costa oriental podemos encontrar lugares interesantes como el Champagne Pools, la vista desde Indian Head y el naufragio de S.S. Maheno en el año 1905.

Otros sitios que se pueden visitar son Pile Valley -con silenciosos arroyos, grandes árboles, helechos-, los antiguos bosques pluviales que crecen sobre las dunas de Central Station, Rainbow Gorge -con sus curiosas formaciones de arena-, bañarse en el lago más profundo, el lago Wabby y su volcán de arena; y podemos alojarnos en un resort ecológico donde disfrutar de la tranquilidad más absoluta

Melbourne

Vivir en Melbourne

Melbourne es la segunda ciudad en importancia de Australia luego de Sydney, aunque dejó de ser la capital desde el año 1927 cuando le cedió ese privilegio a Canberra. Posee aproximádamente cuatro millones de habitantes, bordeada por el río Port Philips por el norte y por el Yarra en el sector sur.